De los peligros del Sky Surf  

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Querido e infravalorado diario:

Esta tarde, como es habitual, volvió a visitarnos el Señor Latura, Conde de la Gloriosa Argleton. El Señor Wallace esperaba a su amigo con impaciencia, ya que tenía ganas de contar la experiencia social que habíamos presenciado aquella mañana. Sentía que no podía perderme la conversación, pero no se me permite estar en la sala cuando el amo recibe visitas tan ilustres, así que hice lo que hago siempre: colocar multitud de micrófonos y cámaras ocultas por toda la estancia para poder estar al tanto de lo que los señores debaten. Ahora me dispongo a transcribir lo que mis aparatos de "La Tienda del Mayordomo Espía" captaron.



SIMON
Señor Wallace, ha llegado el Conde de Argleton.

WALLACE
Estupendo, Simon, hágale pasar.

SIMON
El excelentísimo Conde de Argleton, Lord Latura.

[entra el Sr. Latura]

LATURA
Solo "Señor", por favor. Ya sabes que el título me incomoda.

SIMON
Como guste, Lord Latura.

WALLACE
Ya está bien, Simon, puedes retirarte.

[sale Simon]

WALLACE
Por favor, Señor Latura, tome asiento.

LATURA
Gracias, Señor Wallace. Ahh..
[se sienta]
No se lo tome a mal, pero cada vez que escucho "Lord" delante de mi nombre me sobrecoge una extraña sensación esperpénticamente cacofónica. Mas no le culpo, Señor Wallace. Bien es conocida su hospitalidad para conmigo.

WALLACE
Debe disculpar a Simon, hizo su Diplomatura en la Facultad de Servidumbre de la Universidad de Sevilla y, como es sabido, allí no existe una plena y competente docencia. De todas formas, intentaré corregir su comportamiento reduciéndole su sueldo una vez más.

LATURA
Oh, vamos, tampoco sea demasiado duro.
O sí, sea. Si hay que serlo, se sé.

WALLACE
Debo serlo. La última reducción se debió a que aparcó el Rolls en la plaza de mi garaje que, como bien sabe él, está dedicada al Aston Martin... Uno no puede ser tan permisivo con el servicio. ¿Qué será lo próximo? ¿Usar las tazas de té rojo para echar el Earl Grey?

LATURA
¡Cielo santo! Estremézcome, Señor Wallace.
Pero algo me dice que eso no es lo único que le preocupa hoy, amigo mío.

WALLACE
Ciertamente. Pero, ahora que he mencionado el té, me apetece una taza, ¿y a usted?

LATURA
No hay líquido caliente en este planeta que me apetecería más, Señor Wallace.

[pausa incómoda]

WALLACE
¿No prefiere un poco de lava?

LATURA
No, gracias. Me produce ardor.

WALLACE
Eso pensaba... Pues mire, precisamente he instalado un panel de control en la mesita Luis XVI para llamar al servicio y controlar otras actividades de Villa Tannhaüser desde la comodidad de mi asiento. Se llama "hogar inteligente" o algo así. Se trata de una tecnología nueva que está investigando el departamento de Desarrollos Hogareños de las Industrias Wallace. Así me deshago de una maldita vez de la condenada campanita que tenía antes para llamar a Simon... Fíjese, fíjese cómo funciona.

[presiona un botón del panel]

-- SU CASA SE AUTODESTRUIRÁ EN 10... 9... 8... --

WALLACE
¡Albricias!

LATURA
¡Pardiez!

WALLACE
¡Simon! ¡Simon! ¡Venga aquí, maldito gibraltareño!

LATURA
¡"Albricias" es para alegrarse, Señor Wallace! ¡¿Le alegra que vayamos a morir?! ¡¡Oh, Dios, mis pastillas!!
[se lleva la mano al pecho]

WALLACE
Me gusta ser irónico incluso a las puertas de la muerte, gracias por apuntarlo.

[entra Simon]

SIMON
¿Me llamaba, Señor?

WALLACE
Sí, apaga este maldito cacharro antes de que volemos todos por los aires y trae un desfibrilador para el Señor Latura.

LATURA
¡Necesito frotarme el pecho con aloe vera o sufriré un paro cardiaco en menos de cinco minutos!

-- 5... 4... --

SIMON
¿En qué orden quiere que haga lo que me ha pedido, Señor Wallace?

WALLACE
En el que te venga mejor a ti.

LATURA
¡Aaagrhgr...!
[sufre una ligera convulsión]

[Simon se acerca a la mesa y pulsa una serie de botones]

-- AUTODESTRUCCIÓN DESACTIVADA –

[se acerca al Señor Latura y tras darle un masaje cardiaco y revivirle, se marcha]

WALLACE
¿Está mejor, Señor Latura?

LATURA
¿Eh? Oh... Mi cabeza...
[un poco mareado, se incorpora]
Bien, por dónde íbamos... Ah, ¿dónde está ese té?

WALLACE
Mierda, he olvidado pedírselo.

LATURA
Ja, ja, ja. ¿Lo ve, Señor Wallace? Lo tradicional y efectivo nunca será sustituido por la tecnología de punta.

WALLACE
¿Se refiere a la campanita o a gritarle al estrato social inferior?
En fin, no demoremos más la tertulia... Hoy mi atención nuevamente se centra en una de esas cosas que a mí tanto me apasionan: las locuras de la gente.
Verá, esta mañana, en mi habitual paseo mañanero por las playas italianas, vi a un grupo de jóvenes levantando una cometa enorme, gigantesca. Pensé que era arte, pero mi buen Simon me indicó que se trataba de un deporte nuevo. Me dijo su nombre, mas no lo recuerdo ahora...

LATURA
Oh, creo que he oído hablar de ello...

WALLACE
El caso es que uno de estos muchachos se agarró bien a eso que se parecía más a un paracaídas que a otra cosa y, con los pies en una tabla, se puso a navegar en el agua a una tremenda velocidad. ¡Qué espectáculo!

LATURA
Debe de ser una sensación rocambolesca, sin duda. Aunque personalmente, no creo que me sintiese cómodo ante tamaña excitación.

WALLACE
Sí, su corazón es francamente delicado, Señor Latura...
Pues así estaba yo, viendo a aquel tipo surcar las aguas y saltar alegremente cuando, de pronto, vino un golpe de viento y el tipo comenzó a ascender. Y ascender. Y ascender.

LATURA
Oh, cielos...
[extiende el brazo, coge la taza de té, se la acerca a los labios, vuelve a extender el brazo y deja la taza de té porque está vacía]

WALLACE
Entonces, el viento cambió de dirección súbitamente y el individuo -- un comunista, evidentemente -- pasó sobre nuestras cabezas, tierra adentro... Y continuó subiendo... Y subiendo. Simon sacó la cámara de su móvil y lo grabó todo, mientras yo me maravillaba ante la acojonantísima altura que había adquirido aquel pobre diablo.
Y cuando estaba tan lejos, sobre el bosque, y tan arriba que solamente era un puntito en el cielo, el viento cesó, y todo el mundo en la playa pudo ver como la cometa caía en picado hacia el suelo.

LATURA
¡Me toma el pelo!

WALLACE
¡Nunca me gustó el sabor del cuero cabelludo! Le aseguro que no miento. Aquel desgraciado cayó al suelo y se pegó tal carajazo -- perdone el vulgarismo -- que se rompió tres costillas, una pierna y su dignidad. Lo sé porque fui yo quien lo montó en mi coche para llevarlo al hospital... Ningún helicóptero sanitario es más veloz que mi Lamborghini de los domingos.

LATURA
Una vez más, alimentando su ya exquisita reputación, Señor Wallace.

WALLACE
Así que por eso estoy hoy preocupado, Señor Latura. El ser humano nunca dejará de sorprenderme, en cualquiera de las manifestaciones de su yo más profundo y/o superficial.
¿Qué conclusiones saca usted de todo esto?

LATURA
Considero que la complejidad del hombre es inherentemente proporcional al tamaño de su pene. Teoría avalada por los formalistas rusos.

WALLACE
Por los formalistas rusos y por Arturo Pérez-Reverte. ¿Pero qué hay de la mujer?

LATURA
Los formalistas rusos son unos misóginos.

WALLACE
Claramente.
Pues eso era lo que ardía en deseos de contarle, Señor Latura. Perdóneme si le ha venido mal venir hasta aquí desde su retiro en Turquía para esto... ¿Le sigue apeteciendo esa taza de té?

LATURA
Oh, no se preocupe. Es para mí un placer venir aquí a parlamentar con usted, Señor Wallace. Y sí, me apetece esa taza de té.
Llena, por favor.

WALLACE
Por supuesto, un momento... A ver dónde era...
[pulsa un botón del panel]

-- LANZAMIENTO DE MISIL ATÓMICO EN 10... 9... 8... --

WALLACE
Me cago en la puta.

LATURA
¡Jooooder!




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This entry was posted on 18 de marzo de 2010 at jueves, marzo 18, 2010 . You can follow any responses to this entry through the .

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